Mostrando entradas con la etiqueta divagar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta divagar. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de diciembre de 2011

Nocturnidad


 En aquel preciso instante la odiaba. No como solía decir que odiaba a otras personas, la odiaba realmente. No era que ella hubiera hecho nada en particular, no era racional; solamente deseaba no sentirse así, y le parecía que ella era la causa. Y bueno, en última instancia sí que lo era.

Debían de ser las dos y media de la mañana. Tal vez más. Estaba viendo una serie que no conocía. Algo de policías. Salía el típico tío rudo con un sentido de la justicia genuino. El caso no les iba muy bien, debía de estar empezando.

Se sentía, como dicen, afligido. Apenado. Sí, eso era. Era tristeza. Le faltaba algo. Pero en general todo le iba bien. No se podía quejar. Se quejaba por cualquier cosa, eso era cierto, aunque en el fondo se sabía muy afortunado. Y eso no le gustaba. No, no le gustaba nada ser afortunado. Claro que esto era una locura. “No le gustaba ser afortunado”. No tenía sentido.

La trama había avanzado un poco: un par de sospechosos, un antiguo caso, un reencuentro con una vieja amiga. Justo entonces el protagonista y la amiga se estaban peleando. Ahora estaban en la cama. Por el ritmo al que avanzaba la trama debía de ser una película y no una serie. Muy predecible en cualquier caso.

No era que no le gustara la fortuna. Era que le gustaba hacer las cosas por sí mismo. Llevar las riendas. Tomar sus propias decisiones. No deberle nada a nadie. De todas formas se había desviado del asunto. Se conocía hace demasiado tiempo como para que sus peculiaridades le trajeran esos problemas. No, era algo más.

El argumento había tomado un giro inesperado. No es que cambiase nada en la línea general de la trama. Simplemente, ahora sabíamos que “el malo” era una “camioneta monstruosa”, conducida por un espíritu. Debía de haberse perdido algo importante.

No la odiaba. En aquel momento le estaba haciendo sentirse bastante mal pero no la odiaba. No había explicación aparente para que ella le hiciera sentir así de mal, entonces ¿qué era aquello?
Ya ya ya, pero no era eso. De ninguna de las maneras. Absolutamente no.

La película al final no era una película, era una serie. En cualquier caso se había perdido el final. Habían matado de alguna forma a la camioneta asesina y el chico había dejado a la chica en el pueblo. Al parecer era un héroe itinerante. Bostezó y apagó la televisión.

Se metió en la cama. No sabía cuanto tiempo llevaba divagando sobre el sentido de la vida. Aquello no podía ser, era imposible. No otra vez, no así. Pero ¿y si...?

Cerró los ojos por última vez aquella noche y dejó que fuera su subconsciente quien le contestara. Estaba apunto de pasarle otra vez, y no parecía que tuviera ninguna posibilidad para evitarlo. Como ocurría siempre.

Ya dormido, sonreía.

martes, 29 de noviembre de 2011

Cuento chino


Inspiró. Hondo y lento, dejando que el frío le abrasara los pulmones. Exhaló una enorme bocanada de vaho. Lo cierto es que el vaho le fascinaba. Era de sus cosas favoritas del invierno.
Siguió caminando. La ciudad bullía de gente, desconocidos, personas que vería otros cientos de veces en su vida y jamás recordaría. Eran masa, multitud amorfa. Atrezzo de su vida cotidiana. Querría saber algo de todos, saber qué se perdía.
Confusión. La mochila en el suelo húmedo. Las gafas. Dolor en las rodillas. El pelo alborotado. Al parecer se había ido a estrellar de lleno con alguno de los figurantes. Aún no imaginaba, claro, que ese minúsculo personaje de relleno estaba a punto de ascender a protagonista.
Notó la sangré invadir sus mejillas y como, de pronto, el calor le agobiaba bajo el abrigo. Sonrío rápido. Intentó disculparse y volver a sumergirse en su mundo, ocultarse entre la muchedumbre. Pero los figurantes recién revalorizados no abandonan la escena tan fácilmente.

En dos pasos retornó a los primeros planos. Se disculpó también y se presentó sin rodeos. Era su momento. El resto del atrezzo se había esfumado y eran solo dos personas en el vacío. Silencio.

Tardó un microsegundo infinito en reaccionar y respondió. Le costó balbucear su nombre. Comentó algo sobre el reciente percance. Alguna tontería. Siempre decía alguna tontería cuando le entraban los nervios.

Sonrió, no por cortesía sino porque estaba feliz de estar hablando. Buscó algo ingenioso que decir. No se le daba nada bien hacer esto. Llevaba con bastante torpeza lo de empezar a conocerse.

Notó que las suyas no eran las únicas carencias comunicativas y se relajó. Se anotó un par de tantos cambiando de tema en las siguientes frases, prolongando el tiempo que pasarían hablando. Frases cortas. Ahora ya respiraba mejor, pero no era el momento de probar cosas más difíciles. Comprobó la hora. No era mal momento para un café. Apostó.











Pasarían aún tres meses desde ese momento hasta que se besaran por vez primera. Tres meses, cuatro días, dos horas, veintidós minutos y cincuenta y tres segundos.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Involución


Definitivamente, un día de estos tiene que llegar.

Desde el final de la II Guerra Mundial, la sociedad ha ido degenerando y los sistemas de valores se han aligerado. Ya nadie se adhiere a una corriente de pensamiento, ni correcta ni equivocada, a ninguna. La sociedad se ha vuelto incoherente y la moral se diluye en la vanalidad como un terrón de azúcar en una piscina.

Algún día, cuando nuestros defectos alcancen la cumbre de la irresponsabilidad, la sociedad se someterá a un examen; a una gran criba que sólo superaran aquellos cuya determinación sea más sólida y, con estos, un nuevo conjunto de normas culturales condenadas a un eventual deterioro que repita el ciclo.

sábado, 10 de septiembre de 2011

De lo malo, lo mejor

¿Por qué está prohibida la homofobia?
¿Por qué está prohibido el racismo?
¿Por qué está prohibido negar el Holocausto?
¿Por qué está prohibido lucir una esvástica?

Desde el final de la II Guerra Mundial, el sistema occidental de valores ha evolucionado hasta considerar inequívocamente "malas" aquellas ideas que contradicen la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Sin embargo, lejos de erradicar este tipo de corrientes de pensamiento, la única repercusión que ha tenido esta evolución, a nivel práctico, ha sido la impresión jurídica de estos conceptos en una serie de normas que censuran la difusión y defensa pública de estas opiniones.

De esta forma, el sistema judicial suple al sistema educativo, el cual, generación tras generación; ha sido incapaz de transmitir a los miembros de la sociedad que la discriminación y el antisemitismo están efectivamente "mal". Por tanto, dado el fracaso de la enseñanza, el único mecanismo alternativo que nos permite protegernos de la propagación de ideas infeccionas como las del nacionalsocialismo no es otro que el punitivo. Hemos decidido imponer aquello de que no nos hemos podido, no nos hemos sabido, o no nos hemos preocupado de convencer.

Hoy en día, para el común de la sociedad, un racista, un machista, un nazi o un homófobo son presuntos criminales: despojos, inhumanos antisistema enemigos de la sociedad. No son sencillamente personas equivocadas en las que no ha calado el mensaje que queremos transmitirles. Más aún, son seres a los que preferimos silenciar por temor a que sus ideas se difundan como una enfermedad. Son, por lo tanto, gente que muy difícilmente podrá ser sacada de su error pues sus argumentos están vetados y castigados.

La existencia de este tipo de prohibiciones no sirve más que para tranquilizar nuestras conciencias y nuestros oídos. Nuestro oídos, porque a la mayoría no nos gusta, es más, nos hace hervir la sangre, escuchar a una persona promover el exterminio de una raza. Nuestras conciencias, porque sabemos que estas personas no están locas, solamente, no han escuchado o no han entendido. Por cada persona que odia a otra por algún motivo de raza, sexo, origen u orientación sexual; la sociedad se anota un fracaso.

Las leyes contra la difusión del peor de los pensamientos no son apenas mejores que los pensamientos que previenen.

¿En qué medida es bueno acallar una idea por equivocada que ésta sea?
- En ninguna. Pero, visto lo visto, es el mejor de los males.



sábado, 9 de julio de 2011

Ego

Me temo que mi descripción del socialismo inteligente tendrá que esperar. Lo prometido es deuda, pero últimamente estoy un tanto desentendido de la sociedad. Potenciando el individualismo. Al fin y al cabo, pensar en uno mismo es más fácil. Pensar en sociedad es increíblemente cansado, más que nada, porque en todo encuentras una incongruencia.

domingo, 12 de junio de 2011

Meditaciones metafísicas II

El último capítulo que he visto de Mentes Criminales (una serie muy recomendable si no la conocéis) planteaba al espectador el siguiente dilema:

Un asesino en serie despierta del coma en que se encontraba, por razones que no vienen al caso; siendo incapaz de recordar sus crímenes. Al haber recuperado la conciencia, es ahora momento de juzgarlo. ¿Debería  ser castigado?

En la serie, mi personaje favorito, Reid,  menciona brillantemente la relación que existe en el pensamiento occidental entre la propia identidad y la memoria. Para todos los que hemos terminado 2º de Bachiller, así lo señalaba David Hume en su crítica al sujeto pensante.

En respuesta, personajes como Morgan o Rossi señalan que, aunque el autor no lo recuerde, ellos sí recuerdan perfectamente que fue lo que hizo y están en condiciones de probarlo.

Así que el dilema se resume en la siguiente pregunta: ¿Qué hace a la persona? ¿La hacen sus recuerdos, su conciencia, sus pensamientos?¿O la hace el recuerdo de los demás, su rostro, sus huellas, su nombre?

Además, en la serie se plantea otro problema: ¿Qué pasa si recuerda más adelante? Éste no tiene tanta chicha porque en el fondo es una cuestión administro-practico-procedimental nada que no se pueda solucionar si llega el caso.


                                                  *          *          *

Personalmente, yo tengo claro que lo que me diferencia a mí de otra persona es mi propio recuerdo, lo que yo he hecho o dejado de hacer y dicho o dejado de decir. Lo que he pensado, lo que he querido, lo que he odiado, mis intenciones… Si me llamara de otra forma, si me desfigurara la cara, si cambiara mis huellas; no sería otra persona.

Estaba a punto de escribir como termina el episodio pero me he arrepentido. Todos odiamos a los spoilers.

sábado, 4 de junio de 2011

Meditaciones metafísicas

   De repente todo acabó. La PAU se había terminado. Acababa de entregar el último examen. En aquel momento empezaba el que debía ser el mejor verano de mi vida.

    No noto más que la presión de tener que pasármelo bien de ahora en adelante. Es raro como la visión de otros nos condiciona.