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miércoles, 5 de octubre de 2011

Involución


Definitivamente, un día de estos tiene que llegar.

Desde el final de la II Guerra Mundial, la sociedad ha ido degenerando y los sistemas de valores se han aligerado. Ya nadie se adhiere a una corriente de pensamiento, ni correcta ni equivocada, a ninguna. La sociedad se ha vuelto incoherente y la moral se diluye en la vanalidad como un terrón de azúcar en una piscina.

Algún día, cuando nuestros defectos alcancen la cumbre de la irresponsabilidad, la sociedad se someterá a un examen; a una gran criba que sólo superaran aquellos cuya determinación sea más sólida y, con estos, un nuevo conjunto de normas culturales condenadas a un eventual deterioro que repita el ciclo.

sábado, 10 de septiembre de 2011

De lo malo, lo mejor

¿Por qué está prohibida la homofobia?
¿Por qué está prohibido el racismo?
¿Por qué está prohibido negar el Holocausto?
¿Por qué está prohibido lucir una esvástica?

Desde el final de la II Guerra Mundial, el sistema occidental de valores ha evolucionado hasta considerar inequívocamente "malas" aquellas ideas que contradicen la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Sin embargo, lejos de erradicar este tipo de corrientes de pensamiento, la única repercusión que ha tenido esta evolución, a nivel práctico, ha sido la impresión jurídica de estos conceptos en una serie de normas que censuran la difusión y defensa pública de estas opiniones.

De esta forma, el sistema judicial suple al sistema educativo, el cual, generación tras generación; ha sido incapaz de transmitir a los miembros de la sociedad que la discriminación y el antisemitismo están efectivamente "mal". Por tanto, dado el fracaso de la enseñanza, el único mecanismo alternativo que nos permite protegernos de la propagación de ideas infeccionas como las del nacionalsocialismo no es otro que el punitivo. Hemos decidido imponer aquello de que no nos hemos podido, no nos hemos sabido, o no nos hemos preocupado de convencer.

Hoy en día, para el común de la sociedad, un racista, un machista, un nazi o un homófobo son presuntos criminales: despojos, inhumanos antisistema enemigos de la sociedad. No son sencillamente personas equivocadas en las que no ha calado el mensaje que queremos transmitirles. Más aún, son seres a los que preferimos silenciar por temor a que sus ideas se difundan como una enfermedad. Son, por lo tanto, gente que muy difícilmente podrá ser sacada de su error pues sus argumentos están vetados y castigados.

La existencia de este tipo de prohibiciones no sirve más que para tranquilizar nuestras conciencias y nuestros oídos. Nuestro oídos, porque a la mayoría no nos gusta, es más, nos hace hervir la sangre, escuchar a una persona promover el exterminio de una raza. Nuestras conciencias, porque sabemos que estas personas no están locas, solamente, no han escuchado o no han entendido. Por cada persona que odia a otra por algún motivo de raza, sexo, origen u orientación sexual; la sociedad se anota un fracaso.

Las leyes contra la difusión del peor de los pensamientos no son apenas mejores que los pensamientos que previenen.

¿En qué medida es bueno acallar una idea por equivocada que ésta sea?
- En ninguna. Pero, visto lo visto, es el mejor de los males.



lunes, 5 de septiembre de 2011

Libertad

Libre para elegir el encierro, libre para equivocarte, para hacerte daño y libre incluso para destruirte.

sábado, 2 de abril de 2011

El Efecto Torrente

“El cine español va cuesta abajo y sin frenos.” “El cine español se muere.” “El cine español es una mierda.” “Se está gestando una fuerte crisis en el cine español”

La realidad es mucho peor que esta, señores, ¡el cine español resurge!
¿Resurge? ¿Cómo que resurge? ¿En qué manera? Aquí viene la parte más alarmante.

El día 28 del mes de marzo, la industria cinematográfica española publicaba las cifras de recaudación de lo que va de campaña. Tales cifras demostraban, en tres meses, un incremento de la recaudación de un 134% respecto a todo el año anterior. Continúen con la lectura cuando hayan salido de su asombro, no es para menos.

*     *     *

Ya recuperados, les hago saber que este espectacular incremento se debe a lo que algunos han bautizado como Efecto Torrente(en inglés, Torrent-Effect, y parece todo más científico). El caso es, que en tres meses la recaudación llevada a cabo por el cine patrio se ha multiplicado por 2.34, pasando de unos 16 millones de euros el año pasado a alrededor de 37 millones este primer trimestre. Torrente ha salvado el día, pero no es para estar orgullosos.

En contra de los incondicionales de Santiago Segura, debo decir que, personalmente, Torrente me parece una sucesión de películas… ¿cómo decirlo suavemente?… despreciable. Cargada de un humor basto que roza lo asqueroso, Torrente es, sin embargo, y a los datos me remito; un hito en la historia del cine español, que a día de hoy, y en mitad de una crisis generalizada, permite a la industria del cine presentar unos balances más que positivos. Una vez más, no es como para estar orgullosos.

Torrente es, para mí, un insulto al intelecto del espectador; un espectador que parece ignorar la afrenta y engullir el pseudo-film sin complejos. La industria cinematográfica se jacta, y no sin motivo, de haber logrado cebar a lo que llegarán a ser, según algunos cálculos, 18 millones de espectadores con lo peor de aquello que solía llamarse el séptimo arte. Y todo, con la inestimable colaboración de la generosa política de subvenciones del Estado a “la creación y distribución de la cultura por medio de nuestros cineastas”. Mientras, si ahora se dirige uno a Google y escribe “Torrente no”, las sugerencias del motor de búsqueda completarán con: “Torrente nos hacemos unas pajillas”. No digo más.

Para concluir, debo romper una lanza a favor del cine español, pues visto lo visto ha pasado de ser una bazofia a ser una bazofia (algo más) rentable, no está tan mal, hemos progresado. Hay que ser optimistas, tal vez en 30 años lleguemos al grado de cine comercial.

jueves, 24 de marzo de 2011

Hablar por hablar

Hace así como dos semanas, desde que Japón activase la alerta nuclear, que por todas partes surgen expertos en el funcionamiento de las famosas centrales. De repente, políticos y periodistas parecen poseer, todos ellos, una exquisita formación en química-física nuclear: "isótopos", "neutrones", "fusión del núcleo", "síndrome de China", "barras de control"..., estos y muchos otros términos de significado incierto copan entrevistas y titulares allá donde se mire. Mientras, algunos nos preguntamos, ¿sabe alguien explicar, con cierta precisión, en qué consiste el funcionamiento de una central nuclear?¿Conoce alguien el fundamento de los procesos que ahí tienen lugar?¿Se dignará alguien en explicarlo al común de los mortales?

Por supuesto, hay gente que conoce todos estos datos y muchos más, se hacen llamar "expertos". ¿Y dónde están?¿Por qué nadie les pregunta? En su lugar, periodistas y otros profesionales se desgañitan en enturbiar informaciones que no comprenden. No les culpo, no podría, no son ellos quienes deciden que contar ni como hacerlo; pero objeto, ahora así, que ningún medio de comunicación haya sido capaz de sustituir estas vagas explicaciones por algo de rigor.

Yo desconozco, casi por completo, las respuestas a las preguntas que he efectuado, y en su derecho están los periodistas de ignorarlas también. No obstante, y ya termino, admítanlo: lo único que hacen es hablar por hablar.