Definitivamente,
un día de estos tiene que llegar.
Desde el final de
la II Guerra Mundial, la sociedad ha ido degenerando y los sistemas
de valores se han aligerado. Ya nadie se adhiere a una corriente de
pensamiento, ni correcta ni equivocada, a ninguna. La sociedad se ha
vuelto incoherente y la moral se diluye en la vanalidad como un
terrón de azúcar en una piscina.
Algún día,
cuando nuestros defectos alcancen la cumbre de la irresponsabilidad,
la sociedad se someterá a un examen; a una gran criba que sólo
superaran aquellos cuya determinación sea más sólida y, con estos,
un nuevo conjunto de normas culturales condenadas a un eventual
deterioro que repita el ciclo.
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