- "A veces pienso que la sociedad no es más que un conjunto de individuos."
- "Será porque tal vez lo es."
- ...
Entender la sociedad como la forma más práctica de obtener objetivos egoístas es terriblemente sencillo. Al fin y al cabo, todo lo que uno hace por los demás puede ser observado de otra forma, como si el fin último de lo que hace fuera la satisfacción personal, la paz de conciencia o la esperanza de que esta ayuda le sea, de algún modo, devuelta.
De esta manera, todo acto en principio considerado altruista y, por extensión, bueno; podría observarse como estimulado por algún deseo egoísta. La caridad, la misericordia, el perdón... todos los grandes valores humanos podrían ser no más que eufemismos para encubrir los verdaderos motivos de una cierta conducta. Más aún, el ser estas actitudes consideradas valores, no hace sino promoverlas en el sentido de que añaden un motivo egoísta más para emprenderlas: el deseo de ser caritativo, misericordioso o benévolo.
Tal vez la sociedad, el universo y la vida; puedan, por tanto, ser reducidas al yo.
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