Pese a no haber podido, o no haber querido, detectar la crisis financiera que se avecinaba y hoy vivimos; las tres grandes agencias de calificación: Moody’s, Standar and Poors y Fitch, aún conservan credibilidad. Tanta credibilidad, que parece que sean, de alguna forma, estas tres grandes empresas las que mueven el mercado a su antojo.
Hace unos días, la deuda Griega veía rebajada su calificación a bono basura. Hoy, la prima de riesgo de los países más débiles de la zona euro se disparaba obligando al BCE a comprar su deuda para rebajar la tensión. Acto seguido, Moody’s rebaja la deuda Irlandesa también a bono basura.
No me atrevo a decir, aunque lo he pensado, que las agencias de calificación estén obrando de mala fe. En principio, no hay motivos para pensar que en nada les beneficien los problemas en Europa. Ya se ha dicho que estas tres agencias son estadounidenses, pero no me gustan mucho las conspiraciones. No obstante, no me parece una locura pensar que tal vez pudiéramos crear un organismo más “imparcial”, un organismo que no tuviera un conflicto de intereses más que evidente a la hora de valorar la solvencia de una empresa, un banco o un país.
El asunto del rating es el negocio más proclive al soborno, la estafa, el engaño y la mentira. Las agencias de rating no son demonios (casi) pero culpa suya fue, al 35% como mínimo, la creación y posterior estallido de la burbuja financiera. Si me engañas una vez la culpa es tuya, pero si me engañas dos… Mejor no nos engañemos.
No es por ti, pero creo que irlandeses va con minúscula... Creo. No estoy segura love
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