lunes, 26 de septiembre de 2011

Más alto pero no más claro


    'The governments don't rule the world. Goldman Sachs rules the world.
   
     Queda todo dicho.

sábado, 10 de septiembre de 2011

De lo malo, lo mejor

¿Por qué está prohibida la homofobia?
¿Por qué está prohibido el racismo?
¿Por qué está prohibido negar el Holocausto?
¿Por qué está prohibido lucir una esvástica?

Desde el final de la II Guerra Mundial, el sistema occidental de valores ha evolucionado hasta considerar inequívocamente "malas" aquellas ideas que contradicen la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Sin embargo, lejos de erradicar este tipo de corrientes de pensamiento, la única repercusión que ha tenido esta evolución, a nivel práctico, ha sido la impresión jurídica de estos conceptos en una serie de normas que censuran la difusión y defensa pública de estas opiniones.

De esta forma, el sistema judicial suple al sistema educativo, el cual, generación tras generación; ha sido incapaz de transmitir a los miembros de la sociedad que la discriminación y el antisemitismo están efectivamente "mal". Por tanto, dado el fracaso de la enseñanza, el único mecanismo alternativo que nos permite protegernos de la propagación de ideas infeccionas como las del nacionalsocialismo no es otro que el punitivo. Hemos decidido imponer aquello de que no nos hemos podido, no nos hemos sabido, o no nos hemos preocupado de convencer.

Hoy en día, para el común de la sociedad, un racista, un machista, un nazi o un homófobo son presuntos criminales: despojos, inhumanos antisistema enemigos de la sociedad. No son sencillamente personas equivocadas en las que no ha calado el mensaje que queremos transmitirles. Más aún, son seres a los que preferimos silenciar por temor a que sus ideas se difundan como una enfermedad. Son, por lo tanto, gente que muy difícilmente podrá ser sacada de su error pues sus argumentos están vetados y castigados.

La existencia de este tipo de prohibiciones no sirve más que para tranquilizar nuestras conciencias y nuestros oídos. Nuestro oídos, porque a la mayoría no nos gusta, es más, nos hace hervir la sangre, escuchar a una persona promover el exterminio de una raza. Nuestras conciencias, porque sabemos que estas personas no están locas, solamente, no han escuchado o no han entendido. Por cada persona que odia a otra por algún motivo de raza, sexo, origen u orientación sexual; la sociedad se anota un fracaso.

Las leyes contra la difusión del peor de los pensamientos no son apenas mejores que los pensamientos que previenen.

¿En qué medida es bueno acallar una idea por equivocada que ésta sea?
- En ninguna. Pero, visto lo visto, es el mejor de los males.



lunes, 5 de septiembre de 2011

Libertad

Libre para elegir el encierro, libre para equivocarte, para hacerte daño y libre incluso para destruirte.