Derribado Portugal todos los ojos miran a España con temor a una nueva debacle económica que culmine en un rescate, esta vez, a nuestro propio país. Mientras el Gobierno y la UE se afanan en mantener la confianza en el sistema español, el mensaje “Portugal no es España” suena más como una súplica que como una convicción. Los dirigentes parecen rezar, ya sea a Dios, al dinero, al Karma o a Maradona; para que España sea, efectivamente, diferente a Portugal. Y es que nada peor podría ocurrir, no sólo para España si no para toda Europa, que nuestro país teniendo que ser rescatado.
España es demasiado grande, demasiado fuerte, demasiado diversa como para ser rescatada y, de momento, como para requerir un rescate. Si la UE tuviera que, finalmente, ayudar a España, simplemente no podría. Grecia requirió 110 mil millones de euros, Irlanda 75 mil, Portugal rondará los 90 mil millones. ¿Cuánto requeriría España, tan grande, tan fuerte y tan diversa?
Por otra parte, si España cae se abre la veda y nadie estará libre de sospecha. Cualquiera podría ser el siguiente: Reino Unido, Italia, Francia... España es un muro de contención, es el límite que separa los países fuertes de los débiles. En los próximos meses, el mercado comenzará a probar nuestra solvencia y éste será un punto de inflexión. Si España aguanta, la crisis habrá terminado, el muro habrá resistido.
Ésta es una de esas grandes ocasiones que tienen lugar cada cierto tiempo en la historia de un país, más o menos como cuando la Selección llegó a la final de los últimos mundiales. Nuestro sistema, con todos sus defectos, no puede fallar.
Ay por favor
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